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Mi historia

Soy Juan Motera y esta es la historia que cambió mi vida

Mi historia ocurrió por accidente, como muchas cosas en la vida, los médicos me dijeron que mi caso no tenía solución, pero decidí seguir adelante, contra todos los pronósticos. Y años después, comprobé que se equivocaban. Más tarde, trabajé en mi propia demanda y gané una indemnización millonaria. Esto me motivó a estudiar Derecho para convertirme en abogado y fundé Motera López Abogados con el propósito de ayudar a otras víctimas.

 

De mi experiencia personal nació la Asociación Motera López, cuya misión es ser una de las últimas esperanzas para quienes han sufrido negligencias médicas o accidentes. Buscamos médicos altamente especializados cuando las soluciones médicas parecen agotarse. Acompañamos a las víctimas y luchamos junto a aquellos que ya no saben a dónde acudir.  Esta es la historia que cambió mi vida:

Fotografía de prácticas policiales en Barcelona. Escola de Policies de Catalunya (la 16ª promoció)

Vídeo de la entrega de mi placa de policía en la fiesta patronal. Ayuntamiento de Llançà.

Así es empezó mi historia

A los 28 años trabajaba de policía local como funcionario de carrera para el Ayuntamiento de Llançà (Girona).  Practicaba fitness, taekwondo y salía a correr. Un día visité a un traumatólogo por unas molestias en mi rodilla derecha. Me explicó que se debía al arco de mis piernas; que con una operación de osteotomía me enderezaría la tibia y ahí se acabaría todo. El médico, evidentemente con buena intención, pretendía evitarme problemas en un futuro. Me dijo que los huesos no me soldarían igual si me operaba de mayor.

La operación​

Durante la intervención programada de osteotomía, el «cirujano me seccionó la arteria poplítea», está detrás de la rodilla. Lo peor fue que no se dio cuenta y me subió a planta. De madrugada, como tenía mucho dolor y la herida no dejaba de sangrar, decidió llevarme de nuevo al quirófano para revisar su cirugía, aunque no detectó nada anormal. «Estuve un día y medio con la arteria cortada» hasta que me trasladaron muy grave al hospital provincial de Girona. Me estaba muriendo desangrado. Ese día empezó cambió mi vida.

Así empezó mi historia

Ingresé, entre la vida y la muerte, en el Hospital de Girona Dr. Josep Trueta a las 12,24h del 15 de diciembre de 2004. Me informaron de que «el traumatólogo me había seccionado completamente la arteria poplítea» y partes de secciones de nervios importantes. Me dijeron que había sufrido un síndrome compartimental, y que «me tenían que amputar la pierna porque mi vida corría peligro». Como no podía creerlo estuve a punto de echarme a reír de locura y me negué a gritos tantas veces como me lo propusieron. Si hubiera tenido fuerzas habría salido de allí arrastrándome. ¡Todo esto sucedido tras una cirugía programada!

Salvar la vida​

Como me negué a que me amputaran la pierna, tuvieron que reunir a primera hora de la mañana a todo el equipo de cirugía vascular para realizarme un bypass de urgencia. El plan era intentar hacer un parche utilizando la vena safena de mi pierna izquierda, conectándola a la arteria de la pierna derecha, y observar cómo evolucionaba. Al final del día, la operación fue un éxito: aquel equipo de sanitarios me salvó la vida y volvieron a poner en circulación mi sangre, al frente estaba el Dr. Francesc Vidal. También me realizaron una fasciotomía compartimental en el gemelo y el tibial anterior para aliviar la presión en los músculos, pero salí de allí con mis dos piernas, «pero lo peor estaba por llegar».

 

ADVERTENCIA. Estas son las imágenes de la negligencia médica de Juan Motera y pueden herir su sensibilidad: «CLIC AQUÍ«.  

Perseverancia

Cuando parecía que lo peor había pasado,llegó la necrosis. No voy a entrar en detalles, sólo os diré que me pasé cuatro meses hospitalizado tratando de que la gangrena no se me extendiera al gemelo o seguro que nunca más volvería a caminar. El procedimiento para evitarlo fue dejar el gemelo y el peroneo al descubierto para poder controlarlos, los cubrían con toneladas de pomada antibiótica («Furacín») y unas pequeñas gasas que iban cambiando, podía ver como se movían cuando retiraban las gasas. Me ataron la pierna a la camilla para evitar dañarlos mientras dormía. 

 

Como el dolor era insoportable, grité sin cesar durante semanas. Intentaron trasladarme al Hospital Psiquiátrico de Salt, era debido al síndrome compartimental, no dejaba descansar al resto de los pacientes. Cada día, a las 9 de la mañana, esperaba el toc-toc en la puerta; venían a revisar mi gangrena, y nunca sabía si ese día terminaría en la sala de operaciones.

Me decían que era imposible

Los sanitarios, de buena fe, me aconsejaban que abandonara mi obsesión por salvar mi pierna: «aunque salves la pierna jamás volverás a caminar y, si lo hicieras, te daría más problemas que una ortopédica; para qué alargar el sufrimiento, hay que amputarla, piensa que con las prótesis actuales puedes hasta correr». Creo que nadie daba un céntimo por mi pierna. Humildemente os digo que muchos cederían ante tal presión, porque si los que entienden te dicen que no hay solución, te lo crees. No tengo ninguna queja de los sanitarios del Hospital Josep Trueta, todo lo contrario. Es evidente que me lo decían porque así lo creían y no pude recibir mejores atenciones. Así que allí estaba a mis 28 años, atrapado, sin poder esfumarme ni salir corriendo; pero tenía claro que resistiría mientras la necrosis no se extendiera a mi gemelo, el músculo peroneo no lo pude salvar.

Me pongo en pie

Después de 4 meses en aquel Hospital me enviaron a casa debido a un virus hospitalario y pasé varios meses más con asistencia sanitaria domiciliaria. Finalmente, un día, contra todos los pronósticos, «salvé mi pierna y me puse en pie».

El siguiente paso fue encontrar un cirujano para que me diera la oportunidad de poder caminar sin la ayuda de mis muletas, no podía ni ducharme sin ayuda. Visité a muchos, pero todos coincidían en que lo mejor era no operar porque podía perder la pierna. Llevaba 10 operaciones y la pierna estaba mal, me faltaba la arteria, músculos, nervios y tendones.

Vuelvo a caminar

Hasta que un día conocí al Dr. Pedro Cavadas, conocido como «doctor milagro», y me dijo que volvería a caminar. Tal y como dijo, después de su intervención puede dar mis primeros pasos sin muletas «a veces parece mentira que todos aprendamos de los mismos libros». No hay un día en el que no le dé las gracias. Debido a la necrosis me faltan músculos y tendones y tengo que realizar diariamente mucha rehabilitación pero vivo casi sin dolor. No puedo mover el pie pero puedo caminar y practicar fitness, con limitaciones, que es lo que importa.

Una indemnización millonaria

Gracias a la intervención de los médicos, logré seguir adelante, pero perdí mi trabajo como policía debido a una incapacidad permanente total. Sin poder pagar la hipoteca con la pensión, tuve que entregar mi casa al banco y demandé por negligencia médica. Contraté a un abogado especializado en Derecho Sanitario, quien presentó una reclamación por 321.046,46 €. Sin embargo, la demanda no incluía el lucro cesante ni otros gastos futuros. Decidí reclamar una indemnización mayor, estimando los ingresos perdidos a lo largo de mi vida. Finalmente, ganamos el caso, y tras ese éxito, supe que estudiaría Derecho para ayudar a otras víctimas.

ADVERTENCIAEstas son las imágenes de la negligencia médica pero pueden herir su sensibilidad: «CLIC AQUÍ».

La operación​

El cirujano, durante la operación, «me seccionó la arteria poplítea», está detrás de la rodilla. Pero lo peor fue que no se dio cuenta y me subió a planta. De madrugada, como tenía mucho dolor y la herida no dejaba de sangrar, decidió llevarme de nuevo al quirófano para revisar su cirugía, aunque no detectó nada anormal. «Estuve un día y medio con la arteria cortada» hasta que me trasladaron muy grave al Hospital Provincial Josep Trueta de Girona. Me estaba muriendo desangrado. Ese día empezó cambió mi vida.

Así empezó mi historia

Ingresé, entre la vida y la muerte, en el Hospital de Girona Dr. Josep Trueta a las 12,24h del 15 de diciembre de 2004. Me informaron de que «el traumatólogo me había seccionado completamente la arteria poplítea» y partes de secciones de nervios importantes. Me dijeron que había sufrido un síndrome compartimental, y que «me tenían que amputar la pierna porque mi vida corría peligro». Como no podía creerlo estuve a punto de echarme a reír de locura y me negué a gritos tantas veces como me lo propusieron. Si hubiera tenido fuerzas habría salido de allí arrastrándome. ¡Todo esto sucedido tras una cirugía programada!

ADVERTENCIAEstas son las imágenes de la negligencia médica pero pueden herir su sensibilidad: «CLIC AQUÍ».

Salvar la vida​

Como me negué a que me amputaran la pierna, tuvieron que reunir a primera hora de la mañana a todo el equipo de cirugía vascular para realizarme un bypass de urgencia. El plan era intentar hacer un parche utilizando la vena safena de mi pierna izquierda, conectándola a la arteria de la pierna derecha, y observar cómo evolucionaba. Al final del día, la operación fue un éxito: aquel equipo de sanitarios me salvó la vida y volvieron a poner en circulación mi sangre, al frente estaba el Dr. Francesc Vidal. También me realizaron una fasciotomía compartimental en el gemelo y el tibial anterior para aliviar la presión en los músculos, pero salí de allí con mis dos piernas, «pero lo peor estaba por llegar».

 

ADVERTENCIA. Estas son las imágenes de la negligencia médica de Juan Motera y pueden herir su sensibilidad: «CLIC AQUÍ«.  

Perseverancia

Cuando parecía que lo peor había pasado,llegó la necrosis. No voy a entrar en detalles, sólo os diré que me pasé cuatro meses hospitalizado tratando de que la gangrena no se me extendiera al gemelo o seguro que nunca más volvería a caminar. El procedimiento para evitarlo fue dejar el gemelo y el peroneo al descubierto para poder controlarlos, los cubrían con toneladas de pomada antibiótica («Furacín») y unas pequeñas gasas que iban cambiando, podía ver como se movían cuando retiraban las gasas. Me ataron la pierna a la camilla para evitar dañarlos mientras dormía. 

 

Como el dolor era insoportable, grité sin cesar durante semanas. Intentaron trasladarme al Hospital Psiquiátrico de Salt, era debido al síndrome compartimental, no dejaba descansar al resto de los pacientes. Cada día, a las 9 de la mañana, esperaba el toc-toc en la puerta; venían a revisar mi gangrena, y nunca sabía si ese día terminaría en la sala de operaciones.

Me decían que era imposible

Los sanitarios, de buena fe, me aconsejaban que abandonara mi obsesión por salvar mi pierna: «aunque salves la pierna jamás volverás a caminar y, si lo hicieras, te daría más problemas que una ortopédica; para qué alargar el sufrimiento, hay que amputarla, piensa que con las prótesis actuales puedes hasta correr». Creo que nadie daba un céntimo por mi pierna. Humildemente os digo que muchos cederían ante tal presión, porque si los que entienden te dicen que no hay solución, te lo crees. No tengo ninguna queja de los sanitarios del Hospital Josep Trueta, todo lo contrario. Es evidente que me lo decían porque así lo creían y no pude recibir mejores atenciones. Así que allí estaba a mis 28 años, atrapado, sin poder esfumarme ni salir corriendo; pero tenía claro que resistiría mientras la necrosis no se extendiera a mi gemelo, el músculo peroneo no lo pude salvar.

Me pongo en pie

Después de 4 meses en aquel Hospital me enviaron a casa debido a un virus hospitalario y pasé varios meses más con asistencia sanitaria domiciliaria. Finalmente, un día, contra todos los pronósticos, «salvé mi pierna y me puse en pie».

El siguiente paso fue encontrar un cirujano para que me diera la oportunidad de poder caminar sin la ayuda de mis muletas, no podía ni ducharme sin ayuda. Visité a muchos, pero todos coincidían en que lo mejor era no operar porque podía perder la pierna. Llevaba 10 operaciones y la pierna estaba mal, me faltaba la arteria, músculos, nervios y tendones.

Vuelvo a caminar

Hasta que un día conocí al Dr. Pedro Cavadas, conocido como «doctor milagro», y me dijo que volvería a caminar. Tal y como dijo, después de su intervención puede dar mis primeros pasos sin muletas «a veces parece mentira que todos aprendamos de los mismos libros». No hay un día en el que no le dé las gracias. Debido a la necrosis me faltan músculos y tendones y tengo que realizar diariamente mucha rehabilitación pero vivo casi sin dolor. No puedo mover el pie pero puedo caminar y practicar fitness, con limitaciones, que es lo que importa.

Una indemnización millonaria

Gracias a la intervención de los médicos, logré seguir adelante, pero perdí mi trabajo como policía debido a una incapacidad permanente total. Sin poder pagar la hipoteca con la pensión, tuve que entregar mi casa al banco y demandé por negligencia médica. Contraté a un abogado especializado en Derecho Sanitario, quien presentó una reclamación por 321.046,46 €. Sin embargo, la demanda no incluía el lucro cesante ni otros gastos futuros. Decidí reclamar una indemnización mayor, estimando los ingresos perdidos a lo largo de mi vida. Finalmente, ganamos el caso, y tras ese éxito, supe que estudiaría Derecho para ayudar a otras víctimas.

Así es como tranformé mi vida

Proyecto policial de ADN sintético

Más tarde trabajé unos años de director de operaciones en un proyecto con ADN sintético en colaboración con los cuerpos de policía. Adiestré a perros para detectar cableado de cobre robado, propulsé un convenio de colaboración con el Departamente d’Interior de la Generalitat de Catalunya, formé con tecnología forense avanzada a la policía autonómica y a las policías locales. Presenté el proyecto por el país a las grandes compañías y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. 

El proyecto fue emitido en los principales informativos de televisión del país. Si quieres verlos puedes hacer clic en este enlace.

Estudio Derecho para ayudar a víctimas

Finalmente dejé la seguridad privada para seguir mi verdadera pasión: la abogacía. Cuatro años después me gradué en Derecho por la UNIR, completé un Máster en Abogacía y Práctica Jurídica en la VIU, y aprobé el examen de Estado del Ministerio de Justicia. Me especialicé en Derecho Sanitario y Bioética en la UCLM y Experto Universitario por la UNED, y desde entonces no he dejado de formarme, gracias al apoyo de instituciones como el Banco Santander, a través de su Fundación Universia, y el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, a través del Real Patronato sobre Discapacidad, que han otorgado siete becas a mi proyecto personal.

Vídeo de nuestra graduación en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).

El Excmo. Sr. Joan Ramon Puig Pellicer, presidente del Consejo de la Abogacía Catalana y exdecano del Ilustre Colegio de Abogados de Figueres-Alt Empordà junto a Juan Motera en la celebración de la imposición de togas.  Fotografía: https://www.emporda.info.

Motera López Abogados

Motera López Abogados es el único despacho fundado por un abogado que también ha sido víctima de una negligencia médica. Nació con el propósito de ser un refugio para quienes han sufrido negligencias médicas o cualquier tipo de accidente. Nos dedicamos a defender a nuestras víctimas y a motivarlas a seguir adelante, esforzándonos por conseguir las mayores indemnizaciones posibles para que puedan reconstruir sus vidas.

Asociación Motera López

La Asociación Motera López nació como resultado de mi experiencia personal, con la misión de convertirse en una de las últimas esperanzas para quienes se enfrentan a situaciones difíciles, como negligencias médicas o accidentes. Buscamos médicos altamente especializados cuando las soluciones médicas parecen agotarse y trabajamos incansablemente para obtener apoyo financiero que ayude a cubrir los costes del tratamiento. No podemos prometer un milagro, pero acompañamos y luchamos junto a quienes ya no saben a dónde acudir, ayudándoles a encontrar asistencia psicológica y legal.

Basado en mi propia experiencia

He invertido 20 años en sobreponerme a mi negligencia médica. Antes de concluir mi historia, quiero decirte, basado en mi propia experiencia, que si ahora eres quien enfrenta una situación difícil y sientes que no hay solución: «escucha siempre a tu conciencia; si existe un Dios, seguro que está muy cerca de ella». Sigue adelante, estés donde estés, y resiste, ya sea desde la camilla de un hospital o desde la cama de tu habitación. Aunque sea contra todo pronóstico y en la más absoluta soledad.

Estoy seguro de que «es mucho más difícil vivir una vida que no deseas que enfrentarte al camino necesario para cambiarla». Recuerda que hay muchas historias como la mía, así que no te rindas. Y si al final los médicos tenían razón, no habrás perdido nada; tu esfuerzo habrá valido la pena. Pero si se equivocan, habrás ganado todo.

Basado en mi propia experiencia

He invertido 20 años en sobreponerme a mi negligencia médica. Antes de concluir mi historia, quiero decirte, basado en mi propia experiencia, que si ahora eres quien enfrenta una situación difícil y sientes que no hay solución: «escucha siempre a tu conciencia; si existe un Dios, seguro que está muy cerca de ella». Sigue adelante, estés donde estés, y resiste, ya sea desde la camilla de un hospital o desde la cama de tu habitación. Aunque sea contra todo pronóstico y en la más absoluta soledad.

Estoy seguro de que «es mucho más difícil vivir una vida que no deseas que enfrentarte al camino necesario para cambiarla». Recuerda que hay muchas historias como la mía, así que no te rindas. Y si al final los médicos tenían razón, no habrás perdido nada; tu esfuerzo habrá valido la pena. Pero si se equivocan, habrás ganado todo.

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